martes, 1 de enero de 2013

Dementación

 ...Así fue como Malkav, ciego, encontró a Caín. 
A la sombra de un sicómoro, Malkav le
habló a su padre, porque Dios ya no hablaba con él.
Aquella noche, Malkav le formuló una simple pregunta a Caín,
una pregunta cuya respuesta necesitaba para entender mejor su maldición, y Su silencio.
Malkav le preguntó a Caín: "¿Por qué?"
"¿Por qué vertiste la sangre de tu hermano en la arena?".
"¿Por qué te arrojaste a la oscuridad?"
"¿Por qué renunciaste al perdón cuando se te ofreció?"
"¿Por qué nos condenaste a nosotros, a nuestros hijos y a los hijos de nuestros
hijos a traicionarnos mutuamente hasta la Última Noche?"
"¿Por qué estabas ciego para el amor de Dios y el de tu hermano?"
Y con cada pregunta crecía y se intensificaba la ira de Caín.
No por la falta de respeto de Malkav o
por sus dudas acerca de él, Progenitor de la Raza, Dios y Padre de
todos ellos, sino porque el propio Caín no tenía respuesta.

En el rostro de Malkav, Caín vio a Abel y no pudo hablar.
Ya no lo recordaba: El amor que le había condenado a la oscuridad;
las palabras de Dios antes del destierro;
la voz de su hermano; lo había olvidado todo.
Sabía que el misterio perduraría hasta el fin del los tiempos,
y eso le enfurecía. Entonces Caín se dirigió a Malkav:
"No lo sé, Vidente, y tú tampoco lo sabrás,
y al igual que mi hermano me temió, los tuyos te temerán,
a tus visiones y a tus siguientes preguntas. Te condeno al silencio,
al silencio de la locura para que, como yo, te pierdas solo en la duda."

Así fue como Malkav quedó destinado a la locura, envuelto en la duda,
y así aguarda hasta la Gehena para preguntarle de nuevo a Caín: "¿Por qué?".