- Veamos…Todo empezó por escrito. Nos conocimos con una de las
conversaciones más interesantes que he tenido hasta hoy. Cada trozo de
conversación era una obra de arte que fluía como si de un guion ensayado
a la perfección se tratase- dio un sorbo al té- era una danza de
cortejo hecha de palabras. Estuvimos varios días así, ella me decía que
era una sirena y que yo era un tigre al que estaba haciendo caer bajo su
canto escrito. Yo le preguntaba si no temía que solo estuviese
fingiendo estar embelesado para tenerla más cerca y cazarla. Me
respondía que no tenía miedo del tigre. Yo tampoco tenía miedo de la
sirena. Eso le gustó. Llegó un día en que acordamos conocernos,- otro
buen sorbo de té- fue en un parque, compramos algo de beber y subimos a
su casa. Asomados a su balcón conversamos sin estar pendiente del reloj.
Ella parecía todo lo que prometía ser, una mujer libre, fuerte. Y una
hermosura. Se había llevado unas cuantas hostias en su vida, pero había
sobrevivido. Estaba llena confianza y experiencias interesantes y
pasamos un buen rato hablando como si fuésemos amigos que se conocían de
mucho antes hasta el momento en que, mirándola con media sonrisa en los
labios, suspiré y la llamé sirena.- Volvió a dejarse inundar por el
sabor terroso del té rojo cuando no lleva azúcar. - Se le aceleró el
pulso y me miró como si hubiese dado con su punto débil. Lo sé porque lo
vi en su mirada en los escasos segundos que tardé en pegar su cuerpo al
mío y besarla. Todo fue tan natural, estábamos hechos para lo que
hicimos aquella noche. Casi al amanecer nos quedamos dormidos, con su
cabeza sobre mi pecho y mi brazo rodeándola. Al despertar nos despedimos
entre abrazos y besos, fluía el cariño entre nosotros- se bebió lo que
quedaba en la taza- y por supuesto prometimos vernos de nuevo, pero en
unos días. Lo cumplimos, ¿sabes? Aunque no dejamos de hablar. Nos
volvimos a ver y no tardamos en estallar en pasión. Durante el rato en
que no nos veíamos ella me mandaba fotos suyas. Nada que no pudiese ver
cualquiera que le echase un ojo en la calle, pero para nosotros todo eso
tenía otro significado. Se excitaba mirando su propio cuerpo al
recordar como lo trataba cuando nos veíamos y se decidía a no ser la
única con el pulso alterado. Vaya si lo conseguía. Una vez - alzó la
taza para ver los restos de té rojo que quedaban en ella- me mandó un
vídeo de ella cantando. La canción era “Creep”, de Radiohead, aunque el
tono no era el mismo y ella me lo dijo antes de enviármelo. Con unas
gafas de sol y los labios pintados de rojo, creo que nunca antes me
habían gustado unos labios pintados así, su boca se veía increíblemente
sexy. Le dije que era la versión más bonita que había escuchado nunca de
esa canción. Desentonaba, cierto, pero yo no mentía. Joder, me
encantaba. Oye, hazme un favor. Justo detrás de ti hay una vitrina con
una botella de bourbon y vasos. Alcanza un par, si te apetece tomarte
uno. No, ese no. De ese puedes echarte tú, es de calidad. Yo quiero el
de la izquierda. Es matarratas, pero a veces necesito algo que me queme
la garganta cuando baje. Eso es, - dio un buen trago y dejó el vaso casi
vacío- sigo. Nos vimos varios días más, todo eran buenas charlas y buen sexo,
íbamos conociéndonos bien. Una noche ella tenía una cena con compañeros
de trabajo y me llamó a las tres de la madrugada, borracha. Me pedía
que fuese. Si me conoces sabrás que no soy muy dado a acceder a cosas
así, pero esa noche cogí un taxi y me planté en la puerta de su
edificio, donde me esperaba. Me preguntó varias veces que por qué había
venido, que por qué le hice caso. Yo le contestaba “porque quiero”. Nada
más lejos de la verdad, quería ir, verla, pasar la noche con ella.
Sabía que no me necesitaba, pero que tenía ganas de mí y yo de ella.
Durante la noche me dijo que estaba empezando a quererme. Nos dormimos
abrazados, esa noche no follamos. Al despertar, no tardamos en saltar el
uno sobre el otro. Creo que por primera vez en todo el tiempo que
estuvimos juntos, hicimos el amor. Recuerdo que se la clavé sin dejar de
mirarla a los ojos y que tenía una expresión realmente hermosa, una
mirada que me decía que no quería que aquello acabase. Pero acabó.- Echó
otro trago de bourbon y se sirvió medio vaso más.- Al día siguiente me
sucedió algo. Bueno, por un lado fue algo que me sucedió, por otro,- se
acabó el bourbon de un trago-
parte de mi encantadora personalidad. Basta decir que la mañana del día
siguiente, llegué a casa, me tumbé en la cama y me tiré hasta bien
entrada la madrugada mirando al techo, sin hacer caso de nada más,
sumido en la apatía. Cuando empecé a salir de ese estado miré el
teléfono. Decenas de mensajes suyos, buscándome. Resulta que tuvo un
problema y no estuve ahí para ella. Hablamos, pero sirvió de poco. Ella
tenía claro que me iba a mandar a la mierda antes de que yo soltase una
sola palabra. No se preocupó ni por saber que había podido ocurrirme. En
poco tiempo, todas nuestras conversaciones, nuestras caricias, nuestra
pasión desatada…No significaba nada para ella. Me preguntó por última
vez que por qué fui aquella noche a por ella. Le contesté “porque
quise”. No fue suficiente para ella. No hemos vuelto a hablar.
- ¿Solo “porque quise”?
-
Lo sé, suena a poco. Pero no lo es. Era mi forma de decirle que era mi
propia voluntad, fui porque quise estar con ella, abrazarla, dormir con
ella, sentirla cerca. Quise ir porque también estaba empezando a
quererla. No supo entenderlo y por ello la perdí.
