miércoles, 18 de enero de 2017

Coco

- Veamos…Todo empezó por escrito. Nos conocimos con una de las conversaciones más interesantes que he tenido hasta hoy. Cada trozo de conversación era una obra de arte que fluía como si de un guion ensayado a la perfección se tratase- dio un sorbo al té- era una danza de cortejo hecha de palabras. Estuvimos varios días así, ella me decía que era una sirena y que yo era un tigre al que estaba haciendo caer bajo su canto escrito. Yo le preguntaba si no temía que solo estuviese fingiendo estar embelesado para tenerla más cerca y cazarla. Me respondía que no tenía miedo del tigre. Yo tampoco tenía miedo de la sirena. Eso le gustó. Llegó un día en que acordamos conocernos,- otro buen sorbo de té- fue en un parque, compramos algo de beber y subimos a su casa. Asomados a su balcón conversamos sin estar pendiente del reloj. Ella parecía todo lo que prometía ser, una mujer libre, fuerte. Y una hermosura. Se había llevado unas cuantas hostias en su vida, pero había sobrevivido. Estaba llena confianza y experiencias interesantes y pasamos un buen rato hablando como si fuésemos amigos que se conocían de mucho antes hasta el momento en que, mirándola con media sonrisa en los labios, suspiré y la llamé sirena.- Volvió a dejarse inundar por el sabor terroso del té rojo cuando no lleva azúcar. - Se le aceleró el pulso y me miró como si hubiese dado con su punto débil. Lo sé porque lo vi en su mirada en los escasos segundos que tardé en pegar su cuerpo al mío y besarla. Todo fue tan natural, estábamos hechos para lo que hicimos aquella noche. Casi al amanecer nos quedamos dormidos, con su cabeza sobre mi pecho y mi brazo rodeándola. Al despertar nos despedimos entre abrazos y besos, fluía el cariño entre nosotros- se bebió lo que quedaba en la taza- y por supuesto prometimos vernos de nuevo, pero en unos días. Lo cumplimos, ¿sabes? Aunque no dejamos de hablar. Nos volvimos a ver y no tardamos en estallar en pasión. Durante el rato en que no nos veíamos ella me mandaba fotos suyas. Nada que no pudiese ver cualquiera que le echase un ojo en la calle, pero para nosotros todo eso tenía otro significado. Se excitaba mirando su propio cuerpo al recordar como lo trataba cuando nos veíamos y se decidía a no ser la única con el pulso alterado. Vaya si lo conseguía. Una vez - alzó la taza para ver los restos de té rojo que quedaban en ella- me mandó un vídeo de ella cantando. La canción era “Creep”, de Radiohead, aunque el tono no era el mismo y ella me lo dijo antes de enviármelo. Con unas gafas de sol y los labios pintados de rojo, creo que nunca antes me habían gustado unos labios pintados así, su boca se veía increíblemente sexy. Le dije que era la versión más bonita que había escuchado nunca de esa canción. Desentonaba, cierto, pero yo no mentía. Joder, me encantaba. Oye, hazme un favor. Justo detrás de ti hay una vitrina con una botella de bourbon y vasos. Alcanza un par, si te apetece tomarte uno. No, ese no. De ese puedes echarte tú, es de calidad. Yo quiero el de la izquierda. Es matarratas, pero a veces necesito algo que me queme la garganta cuando baje. Eso es, - dio un buen trago y dejó el vaso casi vacío- sigo. Nos vimos varios días más, todo eran buenas charlas y buen sexo, íbamos conociéndonos bien. Una noche ella tenía una cena con compañeros de trabajo y me llamó a las tres de la madrugada, borracha. Me pedía que fuese. Si me conoces sabrás que no soy muy dado a acceder a cosas así, pero esa noche cogí un taxi y me planté en la puerta de su edificio, donde me esperaba. Me preguntó varias veces que por qué había venido, que por qué le hice caso. Yo le contestaba “porque quiero”. Nada más lejos de la verdad, quería ir, verla, pasar la noche con ella. Sabía que no me necesitaba, pero que tenía ganas de mí y yo de ella. Durante la noche me dijo que estaba empezando a quererme. Nos dormimos abrazados, esa noche no follamos. Al despertar, no tardamos en saltar el uno sobre el otro. Creo que por primera vez en todo el tiempo que estuvimos juntos, hicimos el amor. Recuerdo que se la clavé sin dejar de mirarla a los ojos y que tenía una expresión realmente hermosa, una mirada que me decía que no quería que aquello acabase. Pero acabó.- Echó otro trago de bourbon y se sirvió medio vaso más.- Al día siguiente me sucedió algo. Bueno, por un lado fue algo que me sucedió, por otro,- se acabó el bourbon de un trago- parte de mi encantadora personalidad. Basta decir que la mañana del día siguiente, llegué a casa, me tumbé en la cama y me tiré hasta bien entrada la madrugada mirando al techo, sin hacer caso de nada más, sumido en la apatía. Cuando empecé a salir de ese estado miré el teléfono. Decenas de mensajes suyos, buscándome. Resulta que tuvo un problema y no estuve ahí para ella. Hablamos, pero sirvió de poco. Ella tenía claro que me iba a mandar a la mierda antes de que yo soltase una sola palabra. No se preocupó ni por saber que había podido ocurrirme. En poco tiempo, todas nuestras conversaciones, nuestras caricias, nuestra pasión desatada…No significaba nada para ella. Me preguntó por última vez que por qué fui aquella noche a por ella. Le contesté “porque quise”. No fue suficiente para ella. No hemos vuelto a hablar.

- ¿Solo “porque quise”?

- Lo sé, suena a poco. Pero no lo es. Era mi forma de decirle que era mi propia voluntad, fui porque quise estar con ella, abrazarla, dormir con ella, sentirla cerca. Quise ir porque también estaba empezando a quererla. No supo entenderlo y por ello la perdí.

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