Así debe sentirse una de esas heridas que son mortales pero no acaban contigo en el momento, si no que te someten a la experiencia de ver cómo la vida te abandona con cada latido, impotente, mientras tratas de sujetar aquello que se desprende de ti en una escena cuya visión debe ser entre grotesca, triste y, por qué no, cómica. Mirarse al espejo y pensar "vamos de mal en peor, ¿eh?". Cuando ya no quedan ni fuerzas para que tu voz interior te critique, ahora notas un deje de tristeza en su trato, incluso te habla con dulzura porque hasta quien fue tu más duro juez siente que todo tiene un límite y estamos a punto de echar a correr hacia él. Pobre chico, magullado por dentro y por fuera, dejado para morir entre la niebla de un lugar incierto, sin estrellas con las que orientarse, sin lugar en el que refugiarse. Se levanta una y otra vez a pesar de que sus heridas no acaban de cerrarse, preguntándose cuánto tiempo podrá seguir caminando sin rumbo y si seguirá teniendo fuerzas para volver a ponerse en pie. Desvariar en el camino al abismo parece lo más cuerdo.
lunes, 16 de diciembre de 2024
lunes, 25 de noviembre de 2024
Siento que tan solo soy una cáscara vacía de algo que alguna vez fui. Como la sombra de una persona que soy, camino entre los escombros de mi vida mientras escucho susurros de burla y reproche a mi paso, suaves y casi ininteligibles, que me hablan de todo aquello que me atreví a creer, cuya cruda realidad se ceba bebiendo de mis heridas aun abiertas sin permitir que cicatricen y haciéndolas supurar. Las voces son crueles y todo lo señalan como evidente, quiero contestarles pero no me quedan fuerzas ni voz, el silencio casi se ha apoderado de mi y estoy empezando a aceptarlo. Noto cierta sensación de paz mezclada con la desesperación, el dolor, la vergüenza y la tristeza que componen las cadenas que me atan ahora al suelo, a lo real, al polvo, la sangre y el barro. Paso a paso camino hacia su seno, el silencio me espera con los brazos abiertos mientras las voces a mi espalda susurran que ya no hay nada para mi aquí, es el curso natural que debo tomar, en completa soledad, finalmente dejando de luchar para negar algo que siempre fue inevitable.
Las paredes del pozo en el que me encuentro hundido están húmedas y recubiertas de limo. Digo limo por etiquetarlo de alguna manera, en la oscuridad de este maldito lugar apenas consigo distinguir mis propias manos y el reflejo que a veces consigo vislumbrar en el agua estancada está siempre borroso. No sé quien soy y tengo la sensación de que solo lo sabré una vez salga de aquí, pero no dejo de caer una y otra vez al intentar escalar por la roca resbaladiza. Cuando creo que estoy subiendo a buen ritmo para algo que me devuelve al fondo del pozo. En ocasiones la caída es tan dura que me hundo un poco más que antes en el barro haciendo que los momentos de duda cada vez sean más duros y frecuentes a medida que vuelvo a subir. Desde aquí, lo poco que llega de luz se aprecia de una forma que no creo puedan entender aquellos que no la han percibido sumidos en la oscuridad más profunda. Quiero volver a emprender la marcha, pero estoy tan cansado... Quizás no sea tan malo, después de todo, apreciar las cosas desde aquí.
domingo, 13 de octubre de 2024
Mar de obsidiana
Flotando sobre este océano de negras aguas donde una bruma densa no permite ver nada no me queda otra cosa que la reflexión. Como una imagen que se contempla sin pestañear durante demasiado tiempo, los pensamientos comienzan a moverse por si solos cuales sombras proyectadas por un bailarín alrededor de una hoguera cuando han sido largamente escrutados. Allí, con la única compañía del rumor del agua, las sombras comienzan a bailar de forma más frenética cada vez y mi mente acaba convertida de nuevo en un campo de batalla sin descanso. Abro los ojos para detenerlos, quiero que paren, he dejado de controlar lo que mi mente proyecta y la constante belicosidad de la que hace gala me agota pero mi visión queda completamente abrazada por la bruma y esta refleja aquello de lo que quiero huir. Finalmente me rindo al sonido de las aguas abisales sobre las que me hallo. Encuentro un extraño consuelo en ello.
domingo, 22 de septiembre de 2024
Atrapado en su silencio
El silencio es algo que me acompaña desde que tengo memoria. Incluso en los momentos de más ruido ha estado ahí. Crecí en una casa en cuyas paredes aun puedo oír el eco de las peleas entre mis progenitores. Sus reproches, mi instrumentalización, su rencor volcado sin control. Nunca aprecié los sonidos fuertes, supongo que he ahí el origen. En todo momento, yo estaba en silencio, me acompañaba entonces y siguió haciéndolo toda mi vida, como si hubiese querido cogerme de la mano en los momentos más duros de mi vida para que me sintiese menos solo. No han sido pocos, la verdad. He tenido una vida de mierda y ya era hora es aceptarlo. Volviendo al silencio, me arropó cuando intenté pedir ayuda a mis padres, cuando traté de defenderme solo, cuando quise expresar mis ideas y sentimientos. Cayendo en oídos sordos, sentí su abrazo y desde entonces nunca se separó de mi, me di cuenta de que no podía deshacerme de su presa, no me quería dejar ir, cuidarme y consolarme era su cometido y no iba a darme por vencido. Siguió así a pesar del ruido en mi cabeza, del estridente ritmo de la vida, contra todo lo que vino nunca dio su brazo a torcer. Pasaron los años y me acostumbré al peso, a vivirlo todo en silencio, a hablar solo con él mientras lo sentía acariciarme e impidiendo que una segunda lágrima acompañase a la primera. Sé qué hace aquí todavía. Él será testigo implicado de mi último silencio, estará conmigo hasta el final y me ayudará a echar el telón cuando el rítmico golpeteo que surge de mi pecho por fin reciba también su beso.
sábado, 21 de septiembre de 2024
Abrázame y no me digas nada
Cómo describir mi soledad me resulta un ejercicio de interpretación cuasiartística de mi dolor. Es una sensación de vacío interior unida a haber sido arrancado del mundo para seguidamente ser arrojado a él de nuevo. Estoy aquí, si, pero la conexión está rota, no estoy unido a la realidad y estoy condenado a vagar por ella como un fantasma presente y ausente al mismo tiempo, sin encontrar paz mental alguna pero completamente agotado de librar una guerra silenciosa que nunca acaba. He mencionado que es mi dolor y aun así se siente muy diferente a eso, es la desesperanza revistiendo mi alma y extendiéndose por ella como una enfermedad, manchando cada experiencia y cada pensamiento con un claro mensaje contundente y omnipresente: no estoy aquí, no pertenezco a este lugar, no hay nada para mi aquí. Aunque pueda ser percibido por los sentidos mi yo real está cayendo de forma constante en la oscuridad de su propio vacío, lejos de todo y todos. Puedes llamarme, pero no me alcanzarás pues he sido consumido hasta la última chispa de mi ser por esta tristeza que cada vez va a más. ¿Pudo haber alguna alternativa? Siento que si, pero no estuvo jamás en mi mano y quien siento que la tuvo decidió desecharla porque en el fondo de su corazón sentiría que merecía más la pena seguir explorando. No culpo a esa persona, mi mano extendida debe verse como una trampa a ser arrastrado a mi mundo, al riesgo de dejar de pertenecer a otros lugares y al fin y al cabo, mis brazos no son tan cálidos a este lado del velo. No merecer la pena para tu amor puede doler más que la puñalada más certera y aunque quizás no sea así, es como se siente. La soledad puede ser una susurradora cruel al abrigo de la noche.
Y mientras tanto, sigo cayendo. Quiero levantarme, de verdad lo quiero, pero para ello necesito un fondo en el que caer para apoyarme y no lo encuentro, tan solo siento la constante confusión de si sigo en caída o me he hecho uno con el vacío.
Recuerdo
Hoy, finalmente, ha llegado a mi. Llevo meses bajo el yugo de una sensación opresiva que casi no me dejaba respirar, un dolor profundo anidado en lo más hondo de mi alma que me tenía totalmente descolocado. No parecía haber motivo alguno para sentir semejante pesar, ¿no iba todo relativamente bien? No es cierto, había muchas cosas que iban mal y a ello le achacaba tan terrible sentir y como si de un esquivo criminal se tratase este sentimiento se había ocultado entre decenas de motivos para no ser desenmascarado como lo que realmente es, empujándome a tomar decisiones que otrora me hubiesen parecido aberrantes o poco acertadas y que incluso bajo la nueva luz bajo la que las contemplo ahora me parecen justificadas en cierta medida, aceptando pagar el precio derivado de las consecuencias de mis acciones.
Entonces he recordado. Aquella vieja sensación que me acompañó hasta bien pasada mi adolescencia y cuya disolución fue consecuencia de un trabajo activo que llevó años, recaídas, dolores y alegrías en que me convencí de que ya no era más una realidad para mi. Sin embargo, como quien comienza su paso dudoso, marcha cada vez más seguro hasta que comienza a correr, descubre que la carrera le gusta, que la sensación del pelo al viento parece agradable, sonríe con todo su corazón y de pronto se estampa contra un muro invisible y sólido que lo deja clavado contra el suelo ante la atónita mirada de los transeúntes y tarda en darse cuenta de qué ha pasado, aquí me hallo, viendo cara a cara a mi vieja amiga y única compañera de viaje que extiende su mano para ayudarme a levantarme como diciendo "no me puedo creer que no me reconocieses, era yo todo este tiempo". Incluso con otras personas describiendo cómo la sentían sobre su pecho, incluso sin darme cuenta de que desaparecía en el momento concreto en el que ella me abrazaba para volver más fuerte tras la despedida, no ha sido hasta hoy, en el fondo del pozo, con ideas que comienzan a tornarse obsesivas acerca de dejar este mundo y no mirar atrás con la esperanza de abandonar también el dolor. Hola, soledad, vieja acompañante.
Y es que así lo siento, tras todos estos años vuelvo a estar solo en mi corazón, vuelvo a tener la sensación de observarlos a todos desde la oscuridad, verlos crecer, ayudarles incluso para luego fundirme entre las sombras, pues no hay lugar para mi, no hay abrazo que me consuele, no hay beso que ejerza de la chispa que iluminaba mi alma, no hay una mano en el hombro que me haga sentir cálido y acompañado. Solo estoy yo.jueves, 5 de septiembre de 2024
Ingravidez
Conseguí entenderlo. No es que haya dejado de caer, es en lo que se transforma la sensación de estar en caída libre desde hace tanto. Dejas de sentir el aire apartándose, ya no percibes ningún punto de guía para saber hacia dónde caes, cuando te vienes a dar cuenta tan solo estás en la oscuridad, flotando en completa soledad en medio del vacío, ingrávido. Pero caes, aunque no lo sientas así, caes. Mi caída libre no parece tener fin. Quiero llorar y no puedo.


