Las paredes del pozo en el que me encuentro hundido están húmedas y recubiertas de limo. Digo limo por etiquetarlo de alguna manera, en la oscuridad de este maldito lugar apenas consigo distinguir mis propias manos y el reflejo que a veces consigo vislumbrar en el agua estancada está siempre borroso. No sé quien soy y tengo la sensación de que solo lo sabré una vez salga de aquí, pero no dejo de caer una y otra vez al intentar escalar por la roca resbaladiza. Cuando creo que estoy subiendo a buen ritmo para algo que me devuelve al fondo del pozo. En ocasiones la caída es tan dura que me hundo un poco más que antes en el barro haciendo que los momentos de duda cada vez sean más duros y frecuentes a medida que vuelvo a subir. Desde aquí, lo poco que llega de luz se aprecia de una forma que no creo puedan entender aquellos que no la han percibido sumidos en la oscuridad más profunda. Quiero volver a emprender la marcha, pero estoy tan cansado... Quizás no sea tan malo, después de todo, apreciar las cosas desde aquí.
lunes, 25 de noviembre de 2024
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