Cómo describir mi soledad me resulta un ejercicio de interpretación cuasiartística de mi dolor. Es una sensación de vacío interior unida a haber sido arrancado del mundo para seguidamente ser arrojado a él de nuevo. Estoy aquí, si, pero la conexión está rota, no estoy unido a la realidad y estoy condenado a vagar por ella como un fantasma presente y ausente al mismo tiempo, sin encontrar paz mental alguna pero completamente agotado de librar una guerra silenciosa que nunca acaba. He mencionado que es mi dolor y aun así se siente muy diferente a eso, es la desesperanza revistiendo mi alma y extendiéndose por ella como una enfermedad, manchando cada experiencia y cada pensamiento con un claro mensaje contundente y omnipresente: no estoy aquí, no pertenezco a este lugar, no hay nada para mi aquí. Aunque pueda ser percibido por los sentidos mi yo real está cayendo de forma constante en la oscuridad de su propio vacío, lejos de todo y todos. Puedes llamarme, pero no me alcanzarás pues he sido consumido hasta la última chispa de mi ser por esta tristeza que cada vez va a más. ¿Pudo haber alguna alternativa? Siento que si, pero no estuvo jamás en mi mano y quien siento que la tuvo decidió desecharla porque en el fondo de su corazón sentiría que merecía más la pena seguir explorando. No culpo a esa persona, mi mano extendida debe verse como una trampa a ser arrastrado a mi mundo, al riesgo de dejar de pertenecer a otros lugares y al fin y al cabo, mis brazos no son tan cálidos a este lado del velo. No merecer la pena para tu amor puede doler más que la puñalada más certera y aunque quizás no sea así, es como se siente. La soledad puede ser una susurradora cruel al abrigo de la noche.
Y mientras tanto, sigo cayendo. Quiero levantarme, de verdad lo quiero, pero para ello necesito un fondo en el que caer para apoyarme y no lo encuentro, tan solo siento la constante confusión de si sigo en caída o me he hecho uno con el vacío.

No hay comentarios:
Publicar un comentario